Historia
mayo de 1957
A Mi Pueblo
Hace aproximadamente dos meses, en el local de una prestigiosa Institución, un socio de la misma vociferaba: ¡Dos grandes traiciones he recibido en mi vida, una de Nicolás Reybet!; pretendía justificarse exhibiendo una fotocopia de mi declaración como testigo en el sumario que se le practicara a la maestra Sra. Sanabria de Muñiz. Esta foto-copia hacía aproximadamente cuatro meses que la hacían circular anónimamente.

Esta expresión de ¡traidor! fué compartida por otros varios asistentes, haciéndose así, cómplices del más "bárbaro y repugnante" ¡crimen blanco!, que con toda premeditación y alevosía se pretendió cometer contra el suscripto y el Sr. Miguel Salmén.

Quien o quienes; con tanta premeditación y alevosía extraen de un sumario una foto-copia de declaraciones de testigos, hechas con toda honestidad y honradez, ajustadas a la más pura verdad y en un todo a lo que se sabe sobre lo indagado; los que así proceden silenciosamente en las oscuras tinieblas, usando dicha foto-copia como puñal que en sus filos lleva el veneno de sus almas, utilizándolo para asesinar por las espaldas a inocentes víctimas; para ello se pretendió desvirtuar con todo desparpajo el verdadero contenido y esencia de las mismas, encontrando para ello individuos de mentalidades atrofiadas, a los que convirtieron en vehículos cuya misión fue la de sembrar entre la población el veneno de los que con tanta irresponsabilidad y espíritu criminal así proceden.

Para llegar a consumar el más ¡bárbaro crimen blanco! que pueda registrarse en la historia de nuestro pueblo, de nada pudo interesarles poner en tela de juicio ante la opinión pública, también a una maestra, a una esposa, a una madre y porque no, la que bien puede ser la educadora de sus hijos o de algún niño pariente.

Si en vez de ser la Sra. Sanabria de Muñiz, hubiese sido a sus propias esposas, a sus propias hijas, a sus propias hermanas o a sus propias madres a quien se hubiese puesto en tela de juicio, su actuación ante la opinión pública, con una foto-copia, con fines inconfesables como en el presenta caso, sería curioso saber, muy a pesar de sus "cobardías", cómo hubiesen reaccionado.

Si en mi lugar hubiesen sido ellos acusados de ¡Traidor! por haber declarado la verdad, y pudiendo decir como el suscripto a mi pueblo: "No creo jamás haber traicionado a nadie" , sería también curioso conocer de cómo hubiesen reaccionado frente a tan brutal como cobarde acusación, hecha pública, al ser descubierta en su faz de anonimato.

¡SE ME ACUSO PUBLICAMENTE Y A MIS ESPALDAS DE TRAIDOR!

¡No creo haber traicionado! a mis compañeros de Comisión del Consejo Escolar del distrito (1928).

¡No creo haber traicionado! a mis compañeros (algunos ya no existen para el mundo) de la Comisión Pro-Edificio Escuela Nacional 81, con los que luchamos hombro a hombro, para conseguir la reapertura de nuestra escuela y del subsidio que la Revolución de 1930 nos había anulado; así conseguimos lo que legítimamente fue justicia; no creemos haber traicionado a toda la población, ni al Consejo Nacional de Educación; ellos nos confiaron sus aportes bajo el solo control de nuestras honradas conciencias; así se construyó el edificio propio de dicha escuela, la que se levanta gallardamente en medio de una colonia agrícolo-ganadera.

¡No creo haber traicionado! a mis compañeros de Comisión, ni al Banco de la Nación Argentina de Santa Teresa al nombrarme miembro de la Comisión Asesora de dicha Gerencia, para compra de cereales, cumplimentando así lo dispuesto en el Decreto del Superior Gobierno de la Nación (1933).

¡No creo haber traicionado! a mis compañeros de Comisión de la Sub Comisión Nacional de Defensa contra la Langosta en este distrito (1934).

¡No creo haber traicionado! al Consejo Nacional de Educación al ser nombrado Encargado Escolar de las Escuelas Nacionales 81 y 412 (1929).

¡No creo haber traicionado! a mis compañeros de lucha de una Institución que nació con el título de Unión Vecinal, formada por hombres y mujeres Democráticos, cuya principal misión consistía en la defensa de los intereses de la población y de la zona.

¡No creo haber traicionado! a mis compañeros de lucha ni a mis colegas (colonos), cuando en 1950 un comisario de policía local en complicidad con varios empleados de la Secretaría de Trabajo y Previsión, pretendían tergiversar la interpretación del Decreto que reglamentaba y ordenaba el trabajo del levantamiento de la cosecha, pretendiendo exigir a más de los 3 alzadores de bolsas, 4 estibadores cuya única misión sería la de estibar el cereal en chacra, debiendo estos últimos ser solicitados al Sindicato de Estibadores. En homenaje a la verdad, obtuvimos un amplio apoyo y colaboración de la Federación Agraria Argentina, de su Comisión Directiva local, de su secretario Sr. Ángel Staforini, del Sr. Inspector Mastrogiovani, los que pusimos el pecho en defensa del pretendido atropello. Fuimos, a más de los enumerados, los Sres. Bautista Alesso, Luis Carino, José Tamburelli, Ludovico Fauda y otros que en estos momentos no recuerdo.

¡No creo haber traicionado! a mis compañeros de Comisión Directiva de Bochin Club Paz, los que siempre me depositaron toda su confianza en el manejo de los fondos sociales.

¡No creo haber traicionado! a mi pueblo al hacerme cargo de la Comisión de Fomento en horas difíciles para el país. No hice ninguna innovación, sólo procedí en un todo con mi conciencia a la vez que no hice sino enarbolar al tope del mástil la bandera de la Patria, la de mi Partido y la de la Unión Vecinal, esta última, como expusiera, creada por hombrías y mujeres de fe democrática, profundamente arraigada en sus corazones. Al ondear dichas Banderas, impulsadas por la brisa de "Libertad" que la "Revolución Libertadora" extendió en todos los ámbitos del país, en sus pliegues no estaban escritas las palabras "Odios, Rencores, Venganzas" pero sí las de "Amor, Fraternidad e Igualdad".

¡No creo haber traicionado! a ninguna Repartición o Institución de Beneficencia en todo cuanto pude haber cooperado para su creación, subsistencia o engrandecimiento.

¡No creo haber traicionado! a cuantas amistades que por una u otra causa se hicieron presentes en mi domicilio solicitando ayuda o consejo.

¡No creo haber traicionado! al Centro de Conductores ni al Centro de Camioneros, ni al Sindicato de Oficios Varios al colaborar con ellos en la pretendida modificación del límite jurisdiccional Paz-Alcorta. Con elevado criterio las autoridades Comunales de Alcorta comprobaron el error; dentro de poco un Ingeniero amojonará nuevamente el límite.

¡No creo haber traicionado! a mis compañeros de la Comisión Directiva de la Cooperadora de la Escuela Fiscal 183.

¡No creo haber traicionado! a los empleados de esta Comisión de Fomento al haberme ocupado con preferencia, bien secundado por el personal administrativo, en normalizar la situación Comunal con la Caja de Jubilaciones; ya se vislumbra su fruto: un anciano servidor recibirá su jubilación y dentro de poco, irán jubilándose todos los ¡encuadrados dentro de la Ley. Así como también una familia de un recientemente fallecido, podrá recibir su pensión. Para tranquilidad de los voceros de esquinas, pongo en su conocimiento que todos los cargos que he desempeñado fueron ad-honoren, así como tampoco los gastos que el suscripto ha efectuado en sus viajes a Santa Fe no pesan sobre el erario público. La satisfacción de conciencia y de espíritu de haber sido útil a sus semejantes, es muy superior a cualquier desembolso.

¡No creo haber traicionado! a mi país al haber denunciado al mandatario depuesto, serias anormalidades en Y.P.F. lo que motivó el expediente 14.321/C/1952, del tristemente Control de Estado; pero cuando se iba a hacer luz sobre la veracidad de mi denuncia, se ordenó el archivo del mismo.

¡No creo haber traicionado! a los Empleados Públicos al haber sugerido y expuesto mi pensamiento en Octubre de 1956 al Presidente y Vice de la República, solicitándoles que en la nueva Constitución se afiance en forma positiva la "Estabilidad del Empleado Público", base y cimiento de la Democracia.

¡No creo haber traicionado! a mi pueblo al haber paulatinamente suprimido la "burocracia" en la Comisión de Fomento.

¡No creo haber traicionado! a mi pueblo al haber procedido de un todo con la verdadera "Democracia". ¡El pueblo es quien debe resolver sus propios problemas! La reunión efectuada en la Comisión de Fomento, donde estaban representadas todas las Instituciones, es la mejor elocuencia de lo expuesto.

¡No creo haber traicionado! a mis compañeros de Comisión Directiva de la Cooperativa de Luz y Fuerza.

Esta acusación, tan inesperada como inexplicable y cobarde, que dio origen a mi declaración y a la del Sr. Salmén en el sumario antes enumerado, donde repito una vez más haber declarado la más pura y sincera verdad de todo lo que sabía. Al sacarse una foto-copia de la misma, con toda premeditación y alevosía, pretendiendo tergiversarla maliciosa y criminalmente, haciéndola circular anónimamente entre la población, cuyo único móvil no puede ser sino el de pretender destruir toda una vida siempre puesta, sin ambaje ni ampulosidad y con toda honradez, al servicio de todo lo que pudo significar un bienestar y progreso de la población y del prójimo.

Este bochornoso hecho, que enluta nuestra cultura, trae a mi mente un recuerdo del que fui testigo, y redactaré para comparación de como cambiaron los tiempos: En el año 1921 fuimos víctimas de un acto de cuatrerismo, robándonos 23 yeguarizos. La policía de Arrecifes los localizó, así como al cuatrero; éste había dejado dichos yeguarizos a pastaje en una estancia; cuando se lo condujo para que los reconociera, en presencia del mayordomo, negó terminantemente reconocerlos, así como al mayordomo. Este último, un "viejo criollo de ley", en vista de dicha negativa, le solicitaba encarecidamente al comisario le sacara las "esposas" y le diera un facón para pelearlo de hombre a hombre y de igual a igual, diciendo: Que no quede en la historia de la Patria que un "criollo" mató a un hombre "maneado"; debemos morir peleando frente a frente como pelean y mueren los "gauchos". En cambio los que se sienten herederos de esos "bravos gauchos" atacan desde las tinieblas por las espaldas, demostrando ser eximios artistas en las prácticas del "crimen blanco".

¡Confieso sí! honradamente haber sido ¡traidor! pero ¡traidor ! a los sentimientos de esos ¡bárbaros! y de todos aquellos que gritan y gimen en las esquinas, en los clubes, en los bares, haciéndose así solidarios con esos repugnantes procedimientos, empleando términos desusados como ser: "ya no creo más ni en Rojas". Todas estas "incoherencias" sólo son festejadas por ellos mismos; las personas cultas y sensatas los miran con desdén y compasión. Esos mismos que se dejan arrastrar por bajas pasiones; de esos mismos que jamás hicieron nada para la comunidad; son los mismos que gritan a viva voz: "La esperanza del país está depositada en nuestra juventud", pero anónimamente tratan de perseguirla y hundirla en el lodo de sus criminales sentimientos en vez de orientarla, estimularla y educarla, tal cual corresponde a los bien intencionados. Un joven que por sus propios medios labró su propia instrucción, su cultura, y que se perfila como un ciudadano útil y digno de la sociedad, se trata de anularlo mediante el más repugnante "crimen blanco".

¡Bárbarosl ¡bárbaros! ¡bárbaros! Un millón de veces ¡bárbaros!...

¿Dónde estaban esos valientes (perdone mi pueblo, creo haber dicho ¡valientes!) cuando después de la "Revolución Libertadora" se necesitaban hombres de primera fila? ¿Por qué se negaron a actuar? Sabían que la misión era muy ingrata, se ponía en juego el honor, y porqué no el apellido, a su vez se ponía en juego el honor de los hijos, de los nietos.

Se nos acusa de ¡traidores! porque dicen que no hemos declarado la "verdad" (a modo de ellos). Porque no solicitan que se reabran las actuaciones y van a declarar ellos lo que llaman "verdad".

Quiero dejar bien aclarado que el famoso sumario no tuvo su origen en la Comisión Investigadora Departamental, así como tampoco en la Investigadora Auxiliar, por no haber existido ninguna denuncia contra la Sra. de Muñiz. Vale decir que recién nos enteramos de ese sumario cuando fuimos citados, después de 10 meses de haber cesado en nuestras funciones en la Investigadora.

¿Por qué, esos que hoy se sienten doloridos, no hicieron la denuncia en forma oficial y firmada cuando actuaba la Investigadora? Si después de tanto tiempo creen que aún existía un fundamental motivo, con más razón en aquel entonces. ¿Por qué recurren al anonimato en vez de hacer sus expresiones de disconformidad públicamente, a la luz del día, frente a frente y de igual a igual como el "viejo criollo" de Arrecifes?

"La premeditación y el anonimato los condena".

Antes de sacar esa foto-copia para usarla como la usaron, ¿no meditaron en que primero había que hacerse, aunque sea, un ligero "examen de conciencia"? ¿Tampoco pensaron en ese mismo "examen de conciencia" mientras hacían circular anónimamente esa foto-copia? ¿Por qué ese mismo "examen de conciencia" no lo hicieron durante estos meses, después que quedó al descubierto esa miserable maniobra?

Les he dado, así como también podría decirles las hemos dado lugar, después de ser descubierta públicamente la circulación de la famosa foto-copia, a que hiciesen su descargo públicamente.

Esa ignominiosa calumnia produjo una profunda herida en mi alma; no se cura con paliativos; la hicieron anónima, hasta que se hizo pública; es justo que la opinión pública conozca mi descargo; y este debe ser también públicamente, frente a frente, de igual a igual como el "viejo gaucho" de Arrecifes que no podía matar a un hombre "maneado".

Que ese procedimiento lo pongan en práctica con el subscripto sería "perdonable" -creo estar pronto en los últimos peldaños de la vida-, pero no así a una joven maestra y a un joven ciudadano que tiene por delante toda una vida.

Mientras todos los países del universo miran con espanto las funestas consecuencias que para el mundo significaría el empleo de la "bomba atómica", la radioactividad destruye los glóbulos rojos del organismo, produciéndose la muerte lentamente por inercia.

Existe otra "bomba", más poderosa, la que lenta y progresivamente va destruyendo la humanidad, se llama "calumnia, injuria" o científicamente "crimen blanco"; con su poderío destruye los glóbulos rojos del alma; sus inocentes víctimas son sepultadas en vida.

En mi nota del 15 de enero de 1957, dirigida al Dr. Luis Bulrich, Presidente de la Junta de Defensa de la Democracia, sugiriéndole mi pensamiento, en la imperiosa necesidad de establecer en la nueva Constitución una verdadera y sólida "Estabilidad del Empleado Público"; tal cual se lo expusiera al general Aramburu y al Contralmirante Rojas, transcribiré un párrafo: "Hagámosle ver, al que tiene buen comportamiento y dedicación al trabajo en su misión específica, la "Revolución Libertadora" y la "Junta Democrática" le proporcionará una "coraza" protectora para él y su hogar; esa "coraza" se llama ¡Estabilidad!".

Volveré a dirigirme al Dr. Bulrich para que también en la nueva Constitución se incluya la verdadera y sólida "coraza" protectora para todos aquellos que con "dignidad y honor", saben ocupar sus puestos dentro del concierto de la sociedad constructiva y "Democrática". Para todos aquellos que en lo sucesivo, hagan del "crimen blanco", su "modus vivendi", o lo practiquen para dar soltura a sus criminales sentimientos anti-humanos previo sumario, sean condenados a una pena, como mínimo, de un año en Ushuaia.

Recuerdo la siguiente anécdota: El Reverendo Padre de una parroquia fue víctima de una brutal calumnia; el juez descubrió a los autores, llamó al Sr. Cura diciéndole: aquí están los autores convictos y confesos; queda Ud. autorizado para aplicarles el castigo. Muy bien, dijo éste, que me sigan. Llevándolos al campanario de la iglesia, desde donde vació una bolsa con plumas al viento huracanado; ordenándoles que las recogieran a todas; esto es imposible, Padre, contestaron los reos; yo también lo sé, replicó el Padre Cura. ¡Así es la calumnia, hijos míos, una vez echada al viento no puede recogerse más!

Cuantas vidas jóvenes de ambos sexos, las que bien podrían ser una promesa y porqué no una gloria para la humanidad, son prácticamente eliminados de la sociedad constructiva de los pueblos "Democráticos", víctimas y sepultadas en vida por los terribles efectos destructivos del "crimen blanco".

En el frente de la Escuela Nacional 81 colocamos un mosaico que encierra el pensamiento del prócer Bartolomé Mitre y dice así: "Benditas sean las cabezas de los niños, en cada una de ellas se encierra el porvenir radiante de la Patria", es pues, nuestro deber de argentinos, de padres, de abuelos, velar por ellos; pensemos que esos niños pueden ser nuestros hijos, nuestros nietos; son los que un día, nos sustituirán en las responsabilidades del progreso, de la cultura de un país que está en plena marcha, para el reencuentro de su recuperación Económica, Social, Política y Democrática; procuremos que el sendero a recorrer no les sea tan espinoso, mediante legislaciones enérgicas y castigos severísimos, proporcionándoles la "coraza" que los proteja a ellos y a sus mayores del fantasma del "crimen blanco".

Herir a un hombre con el estigma de ¡traidor! es cosa que debe estar bien fundada para no resultar un crimen mayor que el que se quiere juzgar. Dejar a un hombre de bien con esa astilla clavada en el alma, es una responsabilidad que otros hombres de bien no pueden asumir a menos que se haya llevado muy a fondo la investigación de la verdad que la justifique. Intentar quebrar una vida cuyas normas puede desafiar a cualquiera en cuanto a honestidad ciudadana y moral, es una imprudencia que no tiene retroceso ni perdón.

Bien me conoce mi pueblo; bien sabe de cómo he procedido durante toda una vida: con lealtad y sinceridad en todos mis actos; no rehuyo el no haber tenido errores, pero jamás intencionalmente y mucho menos con intenciones solapadas ni de intereses creados; bien saben que frente a esta "monstruosidad" no me quedaría "con el violín en la bolsa": quien calla otorga.

No temo al juicio de mi pueblo, es al único que reconozco como Juez Soberano y que me puede juzgar; para ello me someto a su Tribunal de Honor donde todo el pueblo tenga voz y voto, para que sean juzgados todos los actos de mi vida; donde también les permitiré juzgar mi vida privada (si bien ésta es sagrada) aún así, les permito me la juzguen públicamente, a la luz meridiana, pero como esta puede "cegarlos" les daré usura para que dicho Tribunal se constituya en la plaza pública a oscuras. Bien sé que con estos elementos sólo hay que cuidarse las espaldas.

Para tranquilidad de los subconscientes, les comunicaré mi firme decisión de retirarme de todos los cuadros activos en que aún pertenezco; al retirarme de ellos, por los que quizás he fiado todo lo que podía dar y la ventura de ellos aún enardecen mi imaginación; y como el soldado caído en el campo de batalla ve escapar su vida con la sangre que escapa de su herida, aún puede gritar a los que pueden sostenerse con las armas en la mano: ¡no desmayéis!, seguid luchando, id a depositar la ofrenda de mi vida y de la vuestra allá en el altar de la "Justicia, del respeto entre los hombres para el bien de la Comunidad, de la Democracia y del País".

Paz, Mayo de 1957.
Nicolás Reybet.
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