Historia
Año 2003 - Hogar de Menores "San Miguel Arcángel"
Actualización: 5-01-2006 17:47
La Capital on line - Año CXXXVI - Nº 49902 - lunes, 14 de julio de 2003
La herencia de un hogar de menores
En abril de 2002, vecinos del pueblo conformaron una comisión ante conflictos y quejas relacionadas con el
hogar San Miguel de Máximo Paz. Participaron el juez de menores Juan José Carmona, autoridades y
profesionales locales. Entre los allegados al grupo estaba Sergio. El objetivo era trabajar en forma conjunta
con la dirección del hogar, ampliar la contención de los menores e incorporar un gabinete psicopedagógico.
La comisión redactó un documento en el que reseña las actividades proyectadas para dar al hogar "un marco
prudente, lógico, positivo y reparador, que tienda a superar problemas y no agudizarlos". Pero a pesar de su
voluntad, el grupo no pudo articular el proyecto: "Nuestra participación no fue bienvenida", afirman en el
informe final.
Según el documento, el hogar San Miguel es una ONG que recibía un subsidio de la Dirección Provincial del
Menor y la Familia y estaba conformada "por una comisión cuyos miembros, en su mayoría, no son del
pueblo". El subsidio incluía 114 pesos mensuales por niño y por veinte plazas, cubiertas o no. "Cuando
tomamos contacto con el hogar, había seis niños", dice el informe.
Buen subsidio, poca comida
El documento, titulado "Informe de gestión de la comisión de apoyo al Hogar San Miguel", sostiene que los
niños no recibían una ración mínima diaria de leche y que la cena consistía en las sobras del mediodía. "La
inversión en alimentos era casi nula y nos consta que la subvención de la provincia era muy adecuada",
afirma la nota. Además, señala que en el hogar convivían chicos de 5 a 17 años y que había dos mayores sin
funciones específicas.
También se apunta que "ante conductas consideradas inapropiadas se castigaba a los niños impidiéndoles ir
a actividades recreativas o suspendiendo las llamadas telefónicas y las visitas de familiares". También señala
que nunca se realizaron estudios específicos a los niños para conocer los impedimentos de su adaptación al
medio escolar y que no se le brindaba contención.
Según el informe, a pesar de todos los señalamientos "no hubo cambios favorables por lo que los jueces de
menores retiraron a los niños y la Dirección del Menor anuló el contrato con el hogar. Los informes, actas y
todo el material relacionado con el tema se encuentran en la comuna.
La Capital on line - Año CXXXVI - Nº 49904 - miércoles, 16 de julio de 2003
Conflicto con la comunidad
Cerraron un instituto en Máximo Paz
El juez villense Juan Carmona se refirió a las fisuras del sistema de minoridad entre el Estado y las ONGs
Silvia Carafa / La Capital
Máximo Paz.- "A veces, desde el Estado faltan políticas integrales para la minoridad y esos espacios los
terminan asumiendo particulares o instituciones que no siempre son competentes. Y el Estado, además de
subvencionar, tiene que supervisar si en esos hogares hay políticas acordes a la formación de los niños",
manifestó el juez de menores villense Juan José Carmona, respecto de los institutos de menores que
funcionan en la provincia, algunos de los cuales -como el que había en esta localidad- parecerían alejarse de
lo que se entiende como una obra de bien.
La historia del Hogar San Miguel de Máximo Paz podría darse en cualquier otra población santafesina. Esta
ONG funcionaba con un subsidio estatal pero, según vecinos paceños, "no tenía carácter positivo ni
reparador" para trabajar con niños altamente vulnerables. Un grupo de pobladores quiso colaborar con la
entidad para "superar los problemas y desencuentros" que había con la comunidad, pero la experiencia
resultó fallida. El grupo de vecinos optó por presentar un informe ante Minoridad provincial, que luego optó por
rescindir el contrato con la ONG que administraba el hogar, que fue cerrado.
El San Miguel funcionaba con una subvención de la Dirección Provincial del Menor, la Mujer y la Familia, que
asignaba 114 pesos por mes y por cada una de las 20 plazas potenciales. Cuando la comisión de vecinos
intentó comenzar su trabajo en el hogar, había sólo seis menores allí.
Los ciudadanos habían convocado a Carmona para que colaborara con la labor que pretendían realizar. El
magistrado no encontró en el lugar "una intervención asistida por los saberes necesarios".
Aunque Carmona aclaró que la situación no escapaba al marco que suele signar ese tipo de instituciones y
advirtió que las excepciones también existen, enfatizó que no cualquiera puede estar a cargo del trabajo
fundamental que tienen que realizar estos hogares: transformar la subjetividad de niños que llegan con un
doloroso aprendizaje de violencia.
Los niños alojados en el Hogar San Miguel provenían de situaciones consideradas, por diversos motivos, de
riesgo social, como chicos en la calle por falta de contención familiar o por alguna transgresión. Algunos
llegaban por orden de los juzgados de menores y otros a instancias de sus familiares.
"A veces sucede que sólo se preocupan por la presencia de los niños en el paisaje urbano, pero en este caso
la comunidad estaba realmente preocupada por los chicos", enfatizó Carmona. Además, dijo que como los
niños acarreaban una historia dolorosa, sugirió la conformación de un equipo de trabajo con distintas
especialidades.
"La comisión de vecinos decía: estos chicos también son nuestros", recordó el magistrado y calificó la
afirmación como un genuino punto de partida para encarar el trabajo con los niños en riesgo social. A pesar
de que el grupo de ayuda ofrecía modos de intervención más apropiados no encontró cabida en el hogar y
terminó por exponer la situación ante Minoridad.
Informe de situación
El informe que el Grupo de Ayuda del Hogar San Miguel elevó a Minoridad (del cual La Capital publicó una
parte anteayer) señala que la institución permanecía cerrada de 13 a 16, tiempo durante el cual los niños eran
derivados a realizar tareas de limpieza en la parroquia local. Entre las actividades estaba el barrido de
veredas, limpieza del salón y del hall, pulido de metales, limpieza de piso y ordenamiento y cuidado del patio.
"Esto era considerado como terapia laboral por el cura párroco, que era el director de la institución", sostiene
el escrito, que además indica que los niños se quejaban de la monotonía en la cual vivían, que carecían de
juguetes, que no había horarios y los hábitos eran muy irregulares. Frecuentemente "se los veía deambular
por la calle, aún en horarios inadecuados".