Historia
Año 2005 - Medio ambiente
Actualización:
20-06-2006 13:12
El Eslabón, Rosario - diciembre de 2005 - Año
VII - N° 66 - Página 3
Intoxicados
por Guillermo Griecco
Un grupo de vecinos de Máximo Paz denunció a
cerealeras locales por contaminación ambiental. Sin embargo,
las empresas aseguran tener los papeles en regla.
"La verdad es que me da terror salir a la calle". La frase bien
podría estar en boca de un vecino de la gran urbe
después de comerse una hora de noticiero sentada frente a la
pantalla de Canal 9, pero no. En este caso, las vibrantes palabras
pertenecen a una ciudadana de un pueblo, que reclama por su calidad
de vida.
Un grupo de vecinos autoconvocados de la localidad santafesina de
Máximo Paz -ubicada a 80 kilómetros al sur de
Rosario- denuncian, desde hace años, a cerealeras locales
instaladas en el radio urbano por contaminación ambiental.
Los damnificados por estas plantas de acopio y almacenamiento de
granos, manifiestan que se ven afectados por "polución de
polvillo desde las plantas cerealistas vecinas (Cooperativa
Agropecuaria y Baiocchi Cereales), olores nauseabundos y ruidos
molestos causados por estos establecimientos". Después de la
devaluación y la consecuente reactivación del sector
agroexportador, grandes empresas cerealeras aumentaron su capacidad
de almacenamiento de granos y, en muclytó casos, sin
respetar la norma vigente, anteponen los intereses
económicos por sobre la salud de una población o
barrio. El de Máximo Paz, es uno de los tantos casos de
profanación ambiental denunciados en la región.
"Nosotros exigimos que se realice un relevamiento serio de estas
plantas y que si no cumplen con la ley (nosotros estamos
convencidos que no) se clausuren. No queremos que se instalen (como
ocurrió hace poco) almacenamientos de granos en el predio
urbano. Todo esto apostando por la salud de nuestro pueblo, ya que
en cuadras aledañas a estas plantas fallecieron diez
personas de cáncer en el término de un año, y
otras tantas están enfermas", dice un tramo del documento
elaborado por la Agrupación de Vecinos Autoconvocados de las
calles 9 de Julio, Suipacha y 5 de Julio de esta localidad.
PAMPA GRINGA. La apacible localidad del sur
santafesino tiene alrededor de cuatro mil habitantes y la
mayoría de la población vive de la agricultura y la
ganadería. "Cuando al campo le va bien, al pueblo le va
bien", evalúan vecinos del lugar. Un pueblo de la pampa
gringa, sin industrias, pero que transita por el camino de una
pausada reactivación económica, con la mayoría
de los jóvenes estudiando en Rosario y regresando los fines
de semana, con una plaza florida, con un cura párroco
acusado de abuso de menores, con un club de fútbol (Club
Atlético Paz) que cosecha resultados positivos, se agranda
en infraestructura y los números de su mutual marchan a la
perfección. Además, el pueblo tiene un montón
de bares, con intensa vida cultural, con personajes de todos los
calibres y con muchas cosas por hacer.
En referencia al reclamo que mantienen los pobladores que viven
cerca de estas plantas cerealeras, las aguas están divididas
en la localidad y llueven opiniones encontradas. Algunos prefieren
no meterse y otros aducen que los vecinos que reclaman por su
calidad de vida, "debieran preocuparse por cosas más
importantes".
"Nosotros lo que pedimos es que tanto la cooperativa agropecuaria
como Baiocchi cereales, cumplan con la reglamentación. No
queremos que se cierren porque entendemos que es fuente de trabajo
para el pueblo. Pero yo vivo enfrente de una de estas cerealeras y
la situación es insoportable. Vuela polvillo, el ruido que
hacen las máquinas es impresionante, no se aguanta el olor a
veneno que despiden los plaguicidas. A esta altura tengo terror
salir a la puerta de mi casa", sostuvo Silvana Celotto, de 31
años, vecina de la calle 9 de julio.
Según cuentan los vecinos involucrados en el tema, "el
año pasado hubo una reunión con la cooperativa,
nosotros le planteamos nuestro reclamo, pero ellos dicen que tienen
todo en condiciones".
"Mi viejo se murió de cáncer el año pasado y
este año murió mi vieja por lo mismo. Si bien los
médicos no pudieron afirmarme que las enfermedades de mis
viejos fueron causadas por estas cerealeras, me dijeron que
podía influir, ya que ese polvillo que vuela afecta las
vías respiratorias, provoca alergias y afectan a la salud de
cualquier ser humano", contó Celotto. Y siguió:
"Desde hace un tiempo estamos juntando firmas, pero muchos vecinos
dicen que nos apoyan y a la hora de firmar prefieren no meterse.
Cuando hay que poner la cara siempre somos los mismos", se
quejó indignada la vecina de calle 9 de Julio.
Hace unos meses atrás, la Cooperativa Agropecuaria Limitada
de Máximo Paz, que funciona desde 1946, no sólo
remodeló sus oficinas (Falucho 820), sino también
inauguró una monumental planta de silos que le
demandó una inversión de 600 mil dólares.
"Hace poco nos visitó gente de la Secretaría de Medio
Ambiente y nos dijeron que teníamos todo en regla. Nos
firmaron un acta de fiscalización donde dice que cumplimos
con las resoluciones vigentes", afirmó el gerente de la
cooperativa Ángel Debiase.
En la plata de silos de esta cerealera trabajan alrededor de 70
operarios y además tiene sucursales en las localidades de
Alcorta y Cañada de Luque. La Comuna de Máximo Paz,
bajo la gestión de Cecilia Binolfi (UCR), le vendió
el terreno -manzana número 4 según la traza del
plano- a la cooperativa agropecuaria donde se instaló la
nueva planta de silos.
"Nosotros tenemos sistema de aspiración de polvo, playa de
camiones, controlamos los ruidos molestos y los productos
químicos. En la nueva planta contamos con el cerco
perimetral que se exige, pusimos hormigón en la tierra,
tenemos todo en regla", insiste el gerente de la cooperativa. Lo
cierto es que el artículo 8 de la Resolución 177/03
elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo
Sustentable de la provincia, dice con claridad que "los nuevos
emprendimientos de este tipo de actividad no podrán
instalarse en zonas urbanas". Y la planta de silos en
cuestión está ubicada sobre calle 9 de julio, a
metros, a pasos, mejor dicho, de domicilios particulares.
Además, va a llevar unos años para que los pinos
plantados alrededor del cerco actúen como cortina forestal.
Otra de las cuestiones que hacen los vecinos, es que tanto la
cooperativa como Baiocchi cereales, "violan la norma que dice que
la zona de carga y descarga de camiones deberá confinarse en
un espacio cerrado y provisto de un sistema de aspiración
con filtros que garanticen la recolección del material
particulado en suspensión". La cooperativa usa los viejos
galpones del ferrocarril para almacenar cereal y también en
esos terrenos montó una celda a cielo abierto.
"Yo entiendo el reclamo de los vecinos, pero me parece que
debieran preocuparse por otras cosas que ocurren en el pueblo, como
por ejemplo, el tema del alcoholismo y la drogadicción que
están diezmando a la juventud de está localidad",
soltó el gerente Debiase.
Por su parte, el flamante presidente comunal por el Partido
Justicialista, Iván Camats, aseguró que ya
está al tanto del reclamo de los vecinos y que va a trabajar
"por el desarrollo económico de Máximo Paz, pero con
calidad de vida".
"Desde este lugar, la culpa la tiene la gestión anterior
porque le vendió el terreno a la cooperativa. Nosotros vamos
a legislar hacia le futuro, tal es así que ya creamos el
Área de Planeamiento y Calidad de Vida, que va a comenzar a
estudiar el tema y vamos hacer cumplir las normas vigentes",
prometió el jefe comunal.
MEDIO AMBIENTE CONTAMINADO. Hace unos años
atrás, un estudio realizado por docentes de la Universidad
Católica de Córdoba, prueba que las cerealeras
ocasionan trastornos a la salud. "Cuatro de cada diez personas que
viven en cercanías de silos que almacenan granos padecen
problemas respiratorios y alergias debido a la emisión de
polvo de soja, trigo y maíz", dice un extracto del
documento.
Hace algunos meses atrás, un grupo de trabajo
-médicos, funcionarios del Ministerio de Salud, militantes
de Mujeres Federadas- estuvo en Máximo Paz y dieron a
conocer un estudio que vienen realizando acerca de los numerosos
casos de cáncer en pueblos de la región. "El
año pasado murieron de cáncer mi viejo, mi abuelo y
mi tío. Ahora mi hija Sol de tres años tiene
leucemia. Si bien los médicos del Hospital de Niños
Víctor J. Vilela de Rosario no me certificaron las causas de
la enfermedad, sí me dijeron que el 92 por ciento de los
casos de chiquitos con leucemia, pertenecen a pueblos de la
región", contó Gabriel Freggiaro, vecino de calle
Suipacha.
"Dada la mayor actividad del sector acopiador de granos en la
provincia, cuyos depósitos en su mayoría se
encuentran en áreas urbanas y suburbanas, se sucedieron
numerosas intervenciones de esta Secretaría mediando entre
vecinos, empresas y comunas o municipios. La obligación por
parte de los acopladores será la de presentarse y
registrarse ante esta secretaría de estado. Las autoridades
comunales y los habitantes deberán velar por su medio
ambiente, haciendo cumplir la reglamentación",
escribió la ingeniera agrónoma Susana Sylvester, en
un documento elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente
sobre la "gestión racional del recurso natural granario
santafesino".
USINA DE TÓXICOS. Algunas cerealeras están
señaladas por los vecinos como fábricas de
matar.